Árbol del sueño
Palabras clave:
literatura, literatura boliviana, Jesús UrzagastiResumen
No resulta en absoluto extraño que tras la muerte de Jesús Urzagasti (1941-2013) se multiplicara rápidamente el número de textos dedicados tanto a su obra como a su persona. Incluso este número de El Zorro Antonio es un homenaje al destacado autor. Ahora bien: muy a pesar del contenido que pueda leerse en los mencionados textos, es importante señalar un aspecto muy recurrente en todos que, aunque parezca básico, resulta tremendamente evocador: Jesús Urzagasti fue, antes que nada, un escritor chaqueño.
Puede parecer un mero dato paratextual pero, al verse culminada la obra de Urzagasti, resulta innegable que gran parte de su escritura es inherente al Chaco. Una región que logró redefinir consistentemente no sólo en Tirinea (1969) —sin duda su obra más conocida— sino también en El último domingo de un caminante (2003), la obra que aquí nos concierne. Y se puede hablar de una redefinición porque si acaso el Chaco formó parte importante de la literatura nacional antes de la llegada de Urzagasti fue, claro, en la narrativa motivada por la Guerra del Chaco. Y en este punto vale la pena hacer énfasis en esta distinción. Veamos.
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