Presentación: Dossier Jesús Urzagasti
Resumen
El retorno del Zorro
Claramente, el primer Zorro Antonio —el de los años 80 y 90— tuvo tres momentos. El primero (1984): el de los dos primeros números, en formato de periódico y fuertemente dirigido a lo popular, lo oral, lo visual. El segundo (1986, 1987, 1988, 1989): el de los números tres a seis, que adquirieron el formato más pequeño de la revista y le bajaron un tanto al ímpetu popular, oral y visual sin necesariamente excluirlo, poniendo el énfasis en la letra y la crítica. Y el tercero (1991, 1993, 1994): el de los números siete a diez, a cargo de Iván Vargas, en formato de revista de artes y literatura, con publicidad e intento de rigurosa continuidad.
Aquí la historia de esos números, del uno al décimo. El detalle responde a la certidumbre de que cada uno de ellos fue una aventura particular, en manos de personas —y son muchas— precisas, con nombre y apellido, que trabajaron con desprendimiento para que esa aventura no se extinguiera durante una década (1984-1994). Responde también a la voluntad de recoger, en listas de nombres y descripciones detalladas de contenidos, la historia de una generación vinculada a la Carrera de Literatura de la UMSA, con inquietudes y perspectivas heterogéneas, diversas, que respondían en alguna medida a las búsquedas y esperanzas de la época; una generación que está en cierta medida todavía vinculada a la Carrera de Literatura, y en otra medida ya embalada en derroteros divergentes, diversos. Interesa también recoger el universo de colaboradores que participaron en el Zorro, el que alude a la riqueza y calidad de los materiales que la revista incluyó.
En el mes de abril del año 1984 —hace 30 años— nació El Zorro Antonio como periódico de la Carrera de Literatura de la UMSA. Los contenidos que anuncia su primer número son: cuentos, literatura oral, textos de nuestra América, poemas e historieta. Figuran como fundadores y primeros colaboradores: Katrina Antezana, Fernando Barral, Corina Barrero, Gino Biamon, Francisco Cajías, Fernando Gómez, Gilmar Gonzales, Elizabeth Johannessen, Marco Miranda, Marcía Mogro, Paz Padilla, Luis Rojas, Virginia Ruiz, Valentín Torres y Roberto Valdivia. Los dibujos, fotografía e historietas están a cargo de Carlos Adriázola, Néstor Agramont, Francisco Cajías, Angelino Jaimes, Marcos Loayza, Marco Miranda y Armando Urioste. La primera editorial declara: “Un afán casi urgente nos ha reunido en torno al periódico: pretender dar paso a una manifestación latente en nuestro medio: la cultura no editada, los quehaceres artísticos de sectores mayoritarios pero alejados de antemano”. Se trata de la cultura popular como horizonte de trabajo. Se trata, claramente, de un proyecto realizado por jóvenes (“jóvenes escritores, dibujantes y fotógrafos”) pertenecientes a la Carrera de Literatura, al mundo del arte y a diversas exploraciones en la expresión popular. El periódico se inicia con un cuento oral del Zorro, un texto de Martí, poemas chimanes, reflexiones sobre la fiesta popular paceña, diversos materiales provenientes de la tradición oral, poemas, cuentos y una historieta.
El segundo número, publicado en agosto de 1984, sigue el patrón del inicial: tiene 12 páginas y está diagramado en tamaño tabloide, en papel periódico. De los colaboradores iniciales, algunos salen, algunos quedan; pero se agregan Dulfredo Castro, Alfonso Murillo, Raúl Paredes, Carlos Mendizábal e Iván Vargas. A los artistas se agregan Alejandro Salazar y Germán Gaymer. Nos encontramos nuevamente con el relato oral del atoj Antoño (como le llaman en quechua), con la poesía y el cuento, con textos de García Márquez, Gregorio Martínez, José Martí y Vallejo, con escritos de algunos alumnos del Taller de Creatividad dirigido por Jaime Saenz, con relatos de la tradición oral y la historieta.
Desde el tercer número, publicado como el inicio de una nueva época del Zorro, se cambia el formato a tamaño carta (que será el del resto de los números), manteniéndose el papel periódico. Aparecen los nombres de los directores (en los dos primeros números el director había sido “El Zorro Antonio”): Wilma Torrico y Jaime Iturri. Éstos declaran en la editorial: “1986 marca el inicio de una segunda época del Zorro Antonio, que reaparace, sin cambiar de esencia, recogiendo en sus páginas poemas, entrevistas y artículos de crítica literaria, los mismos que fueron elaborados por alumnos y catedráticos de la Carrera.” El Zorro ya no es periódico, es revista, alejándose de la vocación hacia lo oral y lo popular de los dos anteriores números. Tenemos en este tercer número una entrevista a Mario Benedetti de M. E. Gigio y otra a Gonzalo Otero Gamarra de Jitka Silva, un escrito de Cortázar, una nota de Jesús Urzagasti en Presencia por la muerte de Jaime Saenz (en agosto de 1986), un ensayo de Ana Rebeca Prada sobre la poesía de Juan Carlos Quiroga, cuentos de Paz Padilla y Orlando Aguilar; poemas de Teodoro Mamani y J. C. Quiroga. Ya no encontramos la historieta y el material gráfico, se reduce al mínimo.
Los siguientes números continuarán con esta fórmula literaria más tradicional, privilegiando la letra y a los letrados, aunque incorporando otros géneros del hacer artístico y la tradición oral; además retomando la centralidad del material gráfico. El cuarto número, de agosto de 1987, arma —a partir del trabajo de un nuevo comité editorial: Jaime Iturri, Gilmar Gonzales, Dulfredo Castro, J. C. Quiroga, Luis Hurtado y A. R. Prada—, un homenaje a Jaime Saenz, responsable del Taller de Creatividad en la Carrera durante algunos años, y escritor fundamental en la reflexión y trabajo de profesores y estudiantes de la Carrera a través de las décadas. Los homenajes se convertirán en material central en éste y algunos de los siguientes números. En éste a Saenz participan Juan Quinteros, J. C. Quiroga e Iván Vargas. Encontramos además una entrevista realizada por El Zorro a Luis H. Antezana; ensayos sobre Edmundo Camargo (de Mauricio Souza), sobre J. L. Borges (de Marco Miranda y Jaime Iturri) y sobre el texto de la canción (Juan Carlos Orihuela). Además, encontramos cuentos de Renato Prada y de Alfonso Murillo; y poemas de Roberto Echazú, Leonardo García Pabón, Julio de la Vega, Dulfredo Castro y Amparo Canedo. Las fotos están a cargo, entre otros, de Francisco Cajías, y los dibujos de Teresa Mesa y Marcos Loayza.
El homenaje a Julio de la Vega del quinto número (de diciembre de 1988), en el que gana nuevamente énfasis el material gráfico (un hermoso dibujo de De la Vega, realizado por el artista Fernando Ugalde, exclusivo para el Zorro, engalana la tapa), está construido a partir de un ensayo y poemas del propio poeta; y ensayos de J. C. Orihuela, J. C. Quiroga y Dora Cajías. Además la revista cuenta con una entrevista de Mauricio Souza a Jesús Urzagasti; ensayos teóricos de Renato Prada y Guillermo Mariaca; un ensayo crítico sobre Blanca Andreu de María Soledad Quiroga; poemas de J. C. Quiroga y de Juan Ignacio Siles; cuentos de Rosario Rodríguez, Hugo Murillo Bénich, J. C. Cayo y Germán Araúz Crespo. Además, recuperando los relatos del Zorro y la oralidad, Lucy Jemio comparte un cuento del Zorro Antonio en aymara y su traducción. Por primera vez aparece un solo nombre en la casilla de Dirección: A. R. Prada; y se presenta la lista de colaboradores: J. C. Quiroga, Carlos Mendizábal, Mónica Bonifaz, Julio de la Vega, Marco Miranda, Mauricio Souza, J. C. Orihuela.
El número seis (del que están encargados J. C. Quiroga, J. C. Orihuela, Marco Miranda y A. R. Prada), de diciembre de 1989, cambia en cuanto presenta papel cuché y color en su tapa. El homenaje es a Jesús Urzagasti; en él participan el propio escritor, Mauricio Souza, J. C. Quiroga, Ana María Suaznábar, Dulfredo Castro. Además, la revista incluye otro cuento del Zorro Antonio, recogido y traducido por Lucy Jemio; una entrevista de Mauricio Souza a Jorge Suárez; poemas visuales de J. C. Quiroga, Marco Miranda y Mauricio Souza; un ensayo teórico de Guillermo Mariaca y seis ensayos críticos: sobre Guillermo Sucre (con poemas de éste) de Rubén Vargas, sobre García Márquez de Dora Cajías y de Juan Carlos Orihuela, sobre Alcides Arguedas y José María Arguedas de Rosario Rodríguez, sobre Nataniel Aguirre de María Elva Echenique, y sobre testimonios de mujeres de Beatriz Loayza; reseñas de Oscar García sobre Roberto Echazú y de Juan Quinteros sobre Eduardo Mitre; fragmentos inéditos de René Poppe; poemas de Zulma Montero y Elizabeth Johannessen. Dibujos de Efraín Ortuño se incluyen de inicio a fin en la revista.
Luego de un importante salto en el tiempo, a enero-marzo de 1991, aparece el séptimo número de la revista. Ha cambiado el concepto de la misma, el logo, el diseño y el papel interior. Se integra publicidad, y se deja atrás el enfoque exclusivo en la letra y la crítica, convirtiéndola en la revista de la Facultad de Humanidades, ya no de la Carrera de Literatura. Se trata más de una revista de letras y artes de amplio espectro; son responsables de ella Iván Vargas y Martín García, lo que mencionan en el editorial “un nuevo afán de cambio”. Aseguran que la revista aparecerá cada tres meses (una regularidad antes no alcanzada), lo que explica la inclusión de publicidad. Hablan, en este sentido, de un paso importante “en la búsqueda de constituir ese espacio literario de diálogo creativo y crítico que en otros momentos habían cumplido satisfactoriamente revistas como Kollasuyo o Hipótesis”. Además, apuntan a “la apertura de las páginas a otros ámbitos de producción artística”. Integran este número ensayos sobre y de Octavio Paz; poemas y fragmento en prosa de Blanca Wiethüchter; ensayos críticos sobre la poesía de Wiethüchter y sobre Álvaro Díez Astete de J. C. Quiroga; un fragmento de la tesis de la artista Guiomar Mesa; reseñas de J. C. Quiroga sobre Eduardo Nogales, de autor no especificado sobre Fernando Llanos, de Iván Vargas sobre Alfonso Gumucio, Guillermo Mariaca e Hilda Mundy, y de Ana Requena sobre un libro sobre teatro de Rosalina Perales; una entrevista de Francisco Rodríguez a la directora de “Ese sordo del alma”, Raquel Romero; un diálogo satírico de Marcos Loayza sobre la ley del cine; un ensayo de Jenny Cárdenas sobre la Orquesta de Instrumentos Nativos.
El número 8, de abril-junio de 1991, cuyo director es ahora, y lo será por los siguientes números, sólo Iván Vargas (teniendo esta vez un único responsable estudiantil: Hugo Rodas), tiene como tema central la obra de Guillermo Francovich. Aparte de encontrar un escrito del propio Francovich, escriben sobre el filósofo boliviano José Roberto Arze y H. C. F. Mansilla. Además de este material, encontramos poesía de Julio Barriga y de Ángel Casto Valda (siglo XIX) presentada por J. C. Quiroga; un ensayo sobre el grafiti, extensamente ilustrado de Cecilia Córdova, Pablo Groux y Hugo Rodas; un escrito de David Morín, artista plástico, con varias ilustraciones; cuentos de Virginia Ruiz y Adolfo Cárdenas; ensayos sobre literatura oral y culturas nacionales de Pilar Martínez, sobre el taquirari oriental de Hugo Rodas, sobre Otra vez marzo de Quiroga Santa Cruz y sobre La luz del regreso de Eduardo Mitre, ambos de Iván Vargas, y sobre Huracán de Paz Padilla, escrito por Gilmar Gonzales.
En julio del año 1993 aparece el número 9 de la revista, con el auspicio de la Oficialía Mayor de Cultura. Se la identifica otra vez como revista de la Carrera de Literatura. Aparecen dos estudiantes responsables más: Karmen Saavedra y Ramiro Huanca. El editorial establece que “un examen del teatro nacional, en un momento de especial fertilidad de representaciones, es lo que hemos propuesto en esta nueva entrega de la revista.” Este material especial sobre teatro está constituido por diálogos con Guido Arze (y un fragmento dramático suyo) de Pequeño Teatro, Noel Meruvia, Arturo Archondo, René Hohenstein y Virginia Yaksic, además de un ensayo sobre el teatro del siglo XIX de Iván Vargas. Por otro lado, el número recoge poemas de Jorge Guillén, de Ezra Pound (con traducciones de Álvaro García Astete y de Gilmar Gonzales) y de Fernando Llanos; cuentos de Manuel Vargas y de Celso Montaño; fotos del arte plástico de Ángel Ramírez; ensayo sobre mujer y testimonio de Virginia Ayllón, sobre cultura y literatura de Drago Komadina y sobre modernidad regional de Guillermo Mariaca; y, por último, reseñas de Iván Vargas sobre Óscar Soria y Raúl Teixidó y de Rubén Vargas sobre Blanca Wiethüchter.
El número 10, último de este primer Zorro Antonio, aparece en junio de 1994 (diez años después de su creación en 1984). Los estudiantes responsables son Adriana Bravo, Wálter Chávez, Ramiro Huanca, Fernando Llanos, Carmen Molina, V. H. Quintanilla y Ludwig Valverde. Esta vez, la editorial anuncia una sección especial sobre cine y literatura. Es interesante la visión de “crisis espiritual en la que está sumergida la cultura en general” que declara el director, y que estaría articulada con una televisión con múltiples canales, “el entretenimiento por computadora, la realidad virtual”. Añade: “La reflexión sobre el cine […] se convierte en una bagatela romántica”, posible en todo caso, en medio de “explosión de la cultura de la imagen”. Hay en la sección especial una entrevista a Pedro Susz, un ensayo de Wálter Chávez y la reproducción de un estudio de Jorge Urrutia. Encontramos, además, en este número, poemas de J. C. Orihuela y de Paul Celan (traducidos los de Celan por Blanca Wiethüchter y Maren Urioste); un cuento de Elvis Vargas; una entrevista a Rolena Adorno; imágenes de la obra artística de Raúl Loza; ensayos sobre Darío de A. R. Prada y sobre Puig de Rosario Rodríguez; y reseñas sobre García Márquez de Isabel Bastos y sobre Raúl Teixidó (sin autor).
Tres décadas después…
Con cabalística exactitud —donde domina auspiciosamente el número 4— esa aventura que duró de 1984 a 1994, tres décadas después, en 2014, retorna. La Carrera de Literatura retoma un proyecto que siempre le fue caro, pero que tardó en recuperar. De los tres momentos descritos para el primer Zorro, esperamos recoger los mejores aprendizajes y las más interesantes experiencias; así como volver a convocar a las personas que participaron y trabajaron en aquellos años. Creemos que es posible continuar la aventura, con la certeza de que ya no podemos seguir postergando la reaparición de un medio que exprese la importancia y pertinencia del trabajo que realizamos en nuestras aulas, en nuestras reuniones de investigación, en el silencio de los procesos de creación, en la diversidad de nuestras miradas críticas. Todo ello poniendo al centro la literatura, pero con la conciencia de que ella no existe sino como parte de un universo de discursos con los que necesariamente dialoga.
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